
Joveret Majané Kaitz 2015

Tnuá Israel Hatzeirá
Emancipación judía en Europa
La Revolución francesa de 1789 trajo cambios políticos, culturales, sociales, económicos y religiosos que llevaron al comienzo del fin de los regímenes absolutistas.
Para los judíos europeos, la revolución fue lo que les permitió la integración a la sociedad europea como ciudadanos con igualdad de derechos civiles y obligaciones. Este proceso conocido fue como la emancipación y trajo largos y conflictivos debates sobre la fidelidad o ambigüedad del judío respecto a las nuevas naciones.
La emancipación significó la abolición de las restricciones aplicadas especialmente a los judíos, traduciéndose en la igualdad de derechos políticos, legales y sociales. Los judíos, como individuos recibieron nuevas oportunidades de desarrollo y un cambio en el estatus de extranjeros tolerados.
Sin embargo, no todos los judíos estuvieron a favor de este proceso: Algunos líderes comunales veían minados su poder por la nueva evolución y personas habituadas a un tipo de vida segregada, se aferraron a su forma de vida tradicional.
Para los judíos de Europa Occidental, el siglo XVIII consignó una consolidación que los condujo hacia la emancipación. No obstante, era sólo una minoría de judíos que participó en dicho proceso.
En los siglos XVII y XVIII, las comunidades prósperas fueron mayormente sefaradíes. Sólo pocas personas y algunas comunidades en Europa Central y Occidental empezaron a ocupar un lugar importante en la vida social, incluso en los países relativamente progresistas. Las condiciones de vida de los judíos fueron cambiando lentamente. En Francia, los judíos de Bayona y Burdeos vivían relativamente bien, pero en Alsacia que pertenecía a Francia, la situación económica fue difícil. Mientras algunos judíos elevaron su nivel social rivalizando en riqueza y lujo con los nobles cristianos; en otras ciudades europeas la vida casi no cambió para el judío común. De todos modos, en la segunda mitad del siglo XVIII comenzó a cobrar actualidad el concepto de la emancipación judía, expresión destinada a designar su ascenso a la ciudadanía. Se trató de poner fin a la época del “ghetto psicológico” y su sistema cerrado de aislamiento. Los judíos, como colectividad, dejaron de ser un cuerpo autónomo foráneo, casi un estado dentro del estado con sus estructuras internas y su jurisdicción propia. En este proceso el individuo judío tenía que dejar de ser considerado incapaz, inhabilitado y comenzar a participar plenamente en la vida del país que lo albergara.
Opiniones acerca de la Emancipación
El movimiento de la emancipación nació casi simultáneamente en Alemania y Francia la segunda mitad del siglo XVIII. Los verdaderos signos del movimiento se encontraron en los campos político-social y religioso. Esto se dio por un cambio ideológico entre los intelectuales. Las ideas de Rousseau, Voltaire y de los Enciclopedistas se difundían en la sociedad urbana de Londres y en los salones de Paris y Berlín. La creencia en los “derechos del hombre” fue más poderosa para asegurar la igualdad de los judíos que cualquier lucha previa por estos mismos derechos.
Influyeron en el proceso de emancipación, la actividad de intelectuales reconocidos de la época. Como ejemplo está la obra literaria por los justos derechos de los judíos del poeta y filósofo alemán Gotthold Efraim Lessing (1729 -1781), con la publicación de su famosa obra teatral “Nathan el Sabio". También el escritor político Christian Willhelm von Döhm (1751- 1820), en su influyente publicación “Sobre el mejoramiento civil de los judíos”, analizó la influencia de la legislación antijudía en el carácter del individuo judío y en la estructura social de la comunidad judía. Llega a la conclusión que si les concedieran plenos derechos, los judíos podrían transformarse en ciudadanos útiles.
En Francia, el idealista y sacerdote constitucionalista Abate Henri Grégoire (1750-1831) publicó su “Ensayo acerca de la regeneración psíquica, moral y política de los judíos”. Vio la causa de “la discriminación” actual de los judíos como consecuencia de la persecución y el desprecio de que fueron objetos durante siglos. Invitó a los cristianos a poner fin a este desprecio injusto, abriéndoles los brazos como amigos y ciudadanos.
Los mismos integrantes de la comunidad judía tomaron algunas medidas destinadas a crear las condiciones indispensables para la obtención de los derechos civiles, en especial la reforma de la educación, a fin de adaptarla a los métodos occidentales. Este movimiento dio comienzo en el círculo literario, científico-social, que rodeaba al filósofo Moshe Mendelssohn (1729-1786). Su promotor principal era uno de sus más íntimos colaboradores y discípulo, Neftalí Herz Wessely (1726- 1805) quien, en su "Palabras de paz y verdad”, publicada en 1782, afirmó la necesidad de que los judíos adquirieran un dominio completo del idioma de su país, y por lo menos conocimientos rudimentarios en las ciencias naturales, geografía e historia universal. Pese a la oposición vehemente de las esferas rabínicas conservadoras, sus ideas encontraron eco rápidamente en toda Europa Central y Occidental.
Cómo se dio en Francia
La Revolución Francesa de 1789 anunció el comienzo de la "Libertad, Igualdad y Fraternidad" para todos los pueblos. Por lo menos teóricamente, quedó reconocida la igualdad civil de los judíos, quienes en el siglo XVIII volvieron a vivir en Francia. Sin embargo, la realidad era todavía confusa.En la declaración “los derechos del hombre”, la libertad de los judíos estaba implícita. El optimismo de los revolucionarios franceses era inobjetable pero difícil para ponerlo en práctica.
Dentro del territorio de Francia, coexistían cuatro grupos de judíos. Su situación y la visión que sus vecinos tenían de ellos, era muy diversa. Primero estaban los judíos de Paris, donde no había restricciones medievales a vencer, ni para su desenvolvimiento. Los judíos que vivían allí, lo hacían en forma legal, gozando la igualdad con sus vecinos.
Luego estaban los de Avignón, una comunidad de origen ashkenazí que se consideraban franceses a pesar de las persecuciones religiosas sufridas.
En tercer lugar los prósperos sefaradíes de Bayona y Burdeos. Cuando la Asamblea Revolucionaria debatía acerca de la emancipación, ellos exigieron que ésta les fuese concedida, sin tomar en consideración a sus hermanos de las otras partes del país. Ya eran franceses asimilados y sólo querían que se pusiese el sello político al usufructo de los derechos que ya poseían en la práctica.
Y finalmente existió la comunidad judía más numerosa en Alsacia y Lorena. Tenían ambiguos problemas de lealtad nacional porque la zona en la que vivían fue ocupada y reocupada por Francia y Alemania en varias oportunidades. Su estatus jurídico era medieval. En algunos lugares se prohibía su presencia y en otros se los toleraba. Pagaban impuestos especiales de protección, residencia y ocupación. Tenían ciertas restricciones laborales, eran pequeños tenderos, vendedores ambulantes y mercaderes de ganado. La situación de los judíos era mala, se limitaba a su lugar de viviendas y algunas comunidades estaban endeudadas con el gobierno por la demora en el pago de los impuestos. Los sectores minoritarios adinerados mantenían buenos contactos con el poder, ellos tenían más interés en lograr la emancipación y podían presentar ante la Asamblea General diversas quejas y petitorios.
Tan pronto, cuando la Convención Nacional aprobó la Declaración de los "Derechos del Hombre y del Ciudadano", los diputados liberales exigieron que se anularan de inmediato las restricciones especiales para con los judíos y que se les confiera la igualdad completa de derechos.
La emancipación de los judíos debió ser consecuencia natural e inmediata de la Declaración, al proclamar la libertad religiosa. Los protestantes obtuvieron fácilmente la igualdad completa de dichos derechos. Pero conferir la misma emancipación para los judíos tropezó varias veces con resistencia fuerte y violenta. Después de un prolongado debate, el artículo relativo a la libertad religiosa fue redactado de tal manera que abrió la puerta a los derechos civiles para los judíos sólo a medias: "Nadie debe ser molestado por sus opiniones, incluso las religiosas, siempre que su manifestación no perturbe el orden público establecido por la ley".
La resistencia a la emancipación de los judíos era de carácter múltiple: psicológico, social, religioso y político. Emanaba sobre todo del clero y de la burguesía, correspondiendo al sentimiento popular antijudío. Los defensores de la emancipación pertenecían a familias espiritualmente evolucionadas: el abate Grégoire, el protestante Rabaud de Saint Etienne, Mirabeau, Clermont Tonnerre. Vieron en los judíos seres humanos, hombres oprimidos, necesitados de inclusión social. En septiembre de 1791, el lema Libertad, Igualdad y Fraternidad no admitió excepciones y los cuatro grupos de judíos fueron declarados ciudadanos franceses, íntegramente y sin obligaciones especiales ni privilegios excepcionales.
Expansión por Europa
La emancipación se realizó principalmente en los países conquistados por los ejércitos revolucionarios. En Holanda, donde los judíos vivían tranquilamente sin reclamar nada, se proclamó la emancipación en 1796. En Italia se apoderó de los judíos un verdadero frenesí al abrir las puertas de los ghettos de Roma, Ancona y Venecia en 1797. Los judíos vieron en Napoleón al Libertador, anunciador del Mesías. Pero cuando Napoleón regresó en 1800, se les retiraron los derechos adquiridos. En Alemania la igualdad política llegó a ser un hecho cuando Napoleón empezó a establecer nuevos estados bajo su, propia supervisión, a menudo regidos por miembros de su propia familia. En los otros Estados se proclamó la libertad, pero los sentimientos hostiles contra los judíos aún seguían vigentes. Baviera, Sajonia y Austria negaron toda concesión y conservaron sus ghettos. Había unos individuos privilegiados, pero las exclusiones para los demás fueron totales.
Es necesario aclarar la filosofía de esta emancipación. Aunque partieron de los mismos postulados básicos que la Revolución norteamericana, la Asamblea Francesa debió hacer frente a una población judía más numerosa que la norteamericana. Como muchos judíos vivían segregados del resto de la población, tanto de punto de vista cultural como económica, la emancipación podía avanzar en un ritmo mucho más lento.
Por lo tanto, esta emancipación intentó liberar a los judíos franceses, no en su calidad de miembros del pueblo judío, sino como parte de la nación francesa, con la esperanza que dentro de poco se asimilaría a la mayoría. Esta asimilación estuvo considerada como parte necesaria del proceso emancipatorio, tanto por los liberales franceses como por parte de los mismos voceros del judaísmo. Muchos de aquellos quienes lucharon por la emancipación consideraron que no están cumpliendo una obligación humanista, sino están dando un regalo a los judíos. Un regalo no merecido, del cual tendrán que ser dignos, transformarse en merecedores de la emancipación y renunciar a su carácter nacional e incorporarse en el ambiente que los rodea. Tendrán que renunciar a su idioma, costumbres, tradiciones y quizás también de su religión, para aceptar la Nueva Religión de la Razón, la cual reemplazaría todas las tradiciones religiosas existentes. La vida libre, la que recibiría el individuo con la emancipación, equivaldría con la desaparición del pueblo judío como tal.
Las medidas de Napoleón: Asamblea de los notables y Gran Sanedrín
Ya antes de obtener la corona imperial, Napoleón había evidenciado su interés por el pueblo judío. En el año 1798, combatiendo en Palestina contra los turcos, lanzó una proclama a los judíos de Asia y de África prometiéndoles restaurar el Estado Judío e invitándoles a cooperar con el ejército francés. Es difícil saber hasta qué punto era seria esta promesa, ya que esta proclama no tuvo ningún efecto práctico.
Como ya hemos anticipado, los judíos todavía no podían gozar de su igualdad sin perturbaciones. El espectáculo de un pueblo de religión distinta considerado como los parias de Europa durante largos siglos, arrojados ahora de pronto en la corriente de la vida nacional, despertaba recelos en los ánimos de los gobernantes. Además, los enemigos de los judíos no estaban ociosos, sobre todo en Alsacia, donde acusaron sus competidores judíos de usura y de evadir el servicio militar. Las acusaciones llegaron al conocimiento del mismo Napoleón, ya irritado por el hecho de que los judíos de Alsacia formaron un ente distinto, étnico y cultural, “una nación dentro de la nación”, según su expresión. Por lo tanto consideró derogar la emancipación y dar a los judíos los derechos que corresponden a los extranjeros. Después cambió de idea y decidió aplicar al judaísmo francés, con modificaciones adecuadas, su política general frente al catolicismo y protestantismo franceses. Esa política tendría que subordinar todas las lealtades a una sola lealtad hacia el Estado Francés y hacia la persona del Emperador gobernante.
El Emperador hizo redactar otro catecismo para los judíos, pero se lo presentó en una manera totalmente novedosa. Napoleón, convocó primero una Asamblea de notables judíos y procedió luego a resucitar el antiguo Gran Sanedrín, a cuyo cargo colocó la promulgación de la legislación. La Asamblea de los notables se reunió en julio de 1806, bajo la presidencia de Abraham Furtado, 1756- 1816, de Burdeos, y estaba compuesto de rabinos y laicos. Se pidió a la Asamblea que respondiera a una serie de preguntas determinando y definiendo la posición del judío emancipado dentro del Estado moderno.
Lo que Napoleón quiso saber por intermedio de las respuestas a las preguntas presentadas a los participantes de la Asamblea era, si hay algo en la religión judía que impidiera a los judíos de ser ciudadanos patriotas, pagar los impuestos y servir en su ejército. Las preguntas se refirieron a la poligamia, a los matrimonios mixtos, si existen profesiones prohibidas para los judíos, si aceptan los judíos a los franceses como hermanos, si está permitida la usura hacia los cristianos, etc. Una vez que obtuvo de los notables las respuestas aparentemente satisfactorias Napoleón resolvió convocar un Gran Sanhedrín, compuesto por 71 personas, dos terceras parte rabinos y un tercio de laicos, constituido cuidadosamente de acuerdo a la antigua institución post-bíblica, a fin de conferir sanción y autoridad a las resoluciones. El Sanhedrín, presidido por Rabi David Sinzheim, 1745- 1812, a quien se dio el título tradicional de Nasí, celebró su sesión inaugural el 9 de febrero de 1807 y puso fin a su gestión un mes más tarde. No hizo más que aprobar las resoluciones promulgadas por los Notables, sometiendo así la vida cultural y religiosa al control del Estado. El Sanedrín remitió una declaración de 9 puntos. Acompañó a la declaración una sincera profesión de patriotismo y fijó como conclusión la regla de oro de la conducta de los judíos, en esta forma:
"Los franceses que practican la religión de Moisés, deseando hacerse dignos de los beneficios de Su Majestad el Emperador y Rey, tienen la firme intención de someterse a su voluntad fraternal. Su religión les ordena considerar en adelante como ley suprema, civil y pública la del Estado Francés. En caso de que sus costumbres religiosas incluyan disposiciones civiles que estén en desacuerdo con el código francés, estas disposiciones dejarán de regir.” Para concluir, expresaron su agradecimiento a la Iglesia y al Papa por la protección prestada a los judíos durante las persecuciones medievales.”
De todos modos, el gesto de la convocatoria de este debate impresionó profundamente a la opinión pública de la época y se ensalzó al Emperador como aquel quien instauró al judaísmo a un lugar digno entre las religiones del mundo. Como continuación de las actividades del Sanhedrín, una ordenanza reglamentó el culto judío y colocó las bases legales y administrativas de las comunidades religiosas judías, aclarando el lugar del rabino y de los directores seculares, que ha servido como base para la organización comunitaria en Europa hasta nuestros días.
Todo eso no trajo consigo la tranquilidad esperada para los judíos de Francia ya que en un tiempo corto Napoleón suspendió la emancipación para diez años e introdujo decretos discriminatorios contra los judíos.
