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Revolución Francesa y comienzo de la modernidad

Ideas y valores del Liberalismo

              La revolución francesa fue un acontecimiento significativo en la historia no sólo por haber marcado un quiebre político en la nación francesa sino también por haber expandido nuevas ideas en el resto del mundo. Este hito se reconoce como el que dio origen a la llamada “modernidad”, proceso histórico (hasta el día de hoy seguimos transitando) que comprende numerosos cambios sociales y políticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

              Francia hasta el año 1789 era gobernado por una sucesión de reyes en un régimen de monarquía absoluta, es decir en el cual el rey tenía todo el poder de decisión y administración del estado. La asunción del rey Luis XVI en 1774 generó una oleada de disconformidad, pues se trataba de un rey que no lograba atender las necesidades del estado y que se mostró muy incapaz de gobernar. Esta crisis política, sumada a la aparición de nuevas ideas iluministas de la época, estalló con la crisis económica de fin de siglo. Gran cantidad de sequías alteraron la producción desembocando en hambrunas y muertes, lo que requirió una intervención inmediata por parte de la monarquía. Así fue que en Mayo de 1789 el rey Luis XVI convocó a los Estados Generales, un órgano en el cual cada estamento (clero, nobleza y el “tercer estado” que incluía todo el resto de la población) tenía un voto, para la aprobación de un nuevo impuesto. El “tercer estado” que era mayoría se veía altamente perjudicado por poseer un solo voto, lo que le impedía ejercer representatividad en este órgano y beneficiaba únicamente al clero y la nobleza. Frente a esto, exigieron que se apruebe el voto por cabeza, lo cual fue rechazado generando el estallido revolucionario. Diferentes grupos del tercer estado salieron a las calles a manifestarse, tomaron las armas en diferentes sucesos, encararon revueltas agrarias, revoluciones municipales e instalaron el “gran miedo”. La toma de la bastilla se la reconoce como el hecho que marcó esta transición. Como consecuencia de estas presiones, en Junio de 1789 se conformó la asamblea nacional, liderada por el tercer estado, en la cual se sancionaron las leyes de la revolución: abolición del sistema feudal, constitución nacional, derechos del hombre y del ciudadano (igualdad, libertad, seguridad y prosperidad), entre otras.

             

              Este suceso no quedó sólo en Francia sino que mostró al mundo que sí era posible combatir la monarquía y que existía una alternativa a estos regímenes. Las ideas de “libertad, igualdad, y fraternidad” que trajo la revolución francesa tras haber derrocado a un régimen histórico y haberlo suplantado por un capitalismo, se expandieron rápidamente. Todo el siglo XIX se caracterizó por protagonizar revoluciones en todo el mundo, desde el continente europeo hasta incluso en América y Asia. Así es que aparece la modernidad como una nueva conciencia social en expansión. La modernidad se entiende como un conjunto de procesos sociales que transformaron la realidad. Trajeron aparejados cambios políticos, como las revoluciones liberales a partir del proceso antes mencionado, sociales en relación a nuevas formas de vida emergentes, e ideológicos.

 

              La modernidad acrecentó ciertas ideas que ponían al sujeto en el centro de la cuestión. Las ideas que venían del iluminismo proponían un cambio en el modo de pensar al sujeto y en el modo en que este piensa. El ser humano tomaba el nuevo rol de “ser racional”, o sea de ser capaz de pensar y valerse por su propia razón. La racionalidad le atribuía al ser la capacidad de libertad, de gozar de la posibilidad de valerse por sus propios medios. Así, los escritos de los llamados autores contractualistas como Locke, Hobbes y Rousseau pusieron a la libertad como el derecho inalienable de todo sujeto, y trajeron la idea del contrato social como un acuerdo colectivo que le otorgaba al estado la autoridad legítima para garantizar este derecho. El liberalismo era ya un hecho.

 

              El liberalismo introdujo desde un principio el concepto de individuo. Hasta antes del período de la modernidad el sujeto era parte de una coacción estructural que lo limitaba y lo introducía funcionalmente en un sistema, es decir no había lugar para que se desarrolle el “individuo”. A partir de la aparición de las ideas liberales el ser humano adquiría una propiedad individual, la propiedad de sí mismo. Por ejemplo, en el sistema capitalista se le empezó a proporcionar los hombres la posibilidad de elegir en dónde trabajar y cómo vender su fuerza de trabajo. Fue a partir de esto que aparecieron otras garantías individuales conquistadas por el liberalismo como el derecho a la propiedad privada, las limitaciones al poder político, la libertad de culto, de expresión, de asociación, de prensa, la libre competencia, la igualdad jurídica, entre tantas otras. Una de las características que más resaltó de esta corriente es la propuesta secular que traía. Desde la revolución francesa se generó una división política entre el estado y la iglesia, lo que se marcó más aún con las ideas del liberalismo. La aparición del nuevo estado capitalista, en reemplazo de la monarquía, en este período de modernidad traía aparejada una secularización del poder, un alejamiento de la iglesia en la política. Así el liberalismo luchó por esta idea y acompaño la propuesta emancipatoria religiosa que le otorgaba la libertad de culto a cada sujeto.

   

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TNUA ISRAEL HATZEIRA

Elaborada por la Vaadá Jinuj 2015

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